Conversor de unidades

Convierte longitud, peso, área, volumen y temperatura entre unidades métricas y anglosajonas con factores exactos.

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Datos

Las listas de unidades se comprueban contra esta categoría.

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La unidad en la que está tu valor.

La unidad en la que quieres el resultado.

Resultado

Valor convertido
3,2808ft

1 m × 1 ÷ 0,3048 = 3,28083989501 ft

Cómo se calcula

FórmulaUnidades de razón: valor × factor de origen ÷ factor de destino. Temperatura: °F = °C × 9/5 + 32, K = °C + 273,15

Este conversor cubre las cinco magnitudes que más aparecen en la vida diaria: longitud, peso, área, temperatura y volumen. Primero eliges la categoría, y a partir de ahí las unidades de origen y destino se comprueban contra ella, de modo que una conversión de longitud solo maneja milímetros, centímetros, metros, kilómetros, pulgadas, pies, yardas y millas. Esta separación no es una cuestión de orden: es lo que permite que la aritmética sea correcta, porque la temperatura se comporta de una forma realmente distinta a las otras cuatro.

La longitud, el peso, el área y el volumen son escalas de razón. Cada unidad se define como un múltiplo fijo de una unidad base, así que convertir consiste solo en multiplicar por el factor de origen y dividir por el de destino. Aquí las bases son el metro, el kilogramo, el metro cuadrado y el litro, y los factores están guardados como valores definidos exactos, no como aproximaciones redondeadas: una pulgada mide exactamente 25,4 mm, una yarda exactamente 0,9144 m, una milla exactamente 1609,344 m y una libra exactamente 0,45359237 kg. Esas cifras proceden del acuerdo internacional de la yarda y la libra de 1959, y por eso terminan en lugar de repetirse indefinidamente. Guardar un 0,4536 redondeado parecería inofensivo y luego se desviaría en un gramo tras una conversión de ida y vuelta.

La temperatura es la trampa, y conviene entenderla en lugar de memorizarla. Celsius, Fahrenheit y Kelvin no comparten el mismo punto cero, así que una temperatura no es simplemente «una cantidad de grados» del mismo modo que una longitud es una cantidad de metros. Pasar de Celsius a Fahrenheit exige multiplicar por 9/5 y después sumar 32; pasar de Kelvin a Celsius exige restar 273,15. Si forzaras la temperatura por la misma tubería de multiplicación que la longitud, obtendrías resultados evidentemente erróneos: 20 °C no es el doble de 10 °C en Fahrenheit, sino 68 °F frente a 50 °F, y no 122 °F. Por ese desplazamiento, la temperatura se calcula aquí por una ruta aparte que convierte primero a Celsius y desde ahí a la unidad de destino.

El Kelvin añade además un suelo que las otras categorías no tienen. El cero Kelvin, el cero absoluto, es la temperatura más baja que puede existir y equivale a −273,15 °C o −459,67 °F, de modo que cualquier valor por debajo no es un pequeño error de redondeo sino una petición sin sentido físico. En lugar de devolver un Kelvin negativo y fingir que significa algo, el conversor rechaza la operación y explica el motivo. Hay un detalle que merece mención: −459,67 °F es exactamente el cero absoluto, pero calcular (−459,67 − 32) × 5/9 en coma flotante binaria da alrededor de −273,15000000000003. Una comprobación ingenua rechazaría esa entrada perfectamente válida, así que la comparación incorpora una tolerancia mínima.

El otro fallo habitual son las unidades que no encajan. Si seleccionas la categoría de temperatura y aun así se envía «kilogramos a Fahrenheit», ya sea al editar la URL, por un desplegable que quedó obsoleto tras cambiar de categoría o por un enlace guardado con parámetros antiguos, no existe ninguna respuesta razonable. La función de cálculo comprueba por sí misma que las unidades pertenezcan a la categoría, sin fiarse de la interfaz, porque un conversor que multiplica en silencio por un factor inexistente produce NaN, y un NaN propagándose por la página de resultados es mucho peor que un mensaje de error honesto.

Hay dos comportamientos deliberados que conviene conocer. El primero: convertir una unidad a sí misma devuelve tu valor intacto, porque el código corta el paso en vez de multiplicar y dividir por el mismo factor, ya que en coma flotante x × f ÷ f no siempre vuelve exactamente a x. El segundo: las conversiones de ida y vuelta son estables, y pasar 100 m a pies y de nuevo a metros devuelve 100 m dentro de la tolerancia que permite la coma flotante. Eso lo sostienen los factores exactos; con factores aproximados la desviación se vería tras dos o tres saltos. La precisión mostrada también se adapta al tamaño del resultado, porque dos decimales fijos convertirían un cálculo de milímetros a millas en un inútil «0,00».

España adoptó el sistema métrico muy pronto, con la Ley de Pesas y Medidas de 1849, pero las unidades tradicionales siguen apareciendo en el campo y en el habla cotidiana. La arroba castellana pesaba unos 11,5 kilos y todavía se oye al hablar de aceite o de vino; la libra castellana rondaba los 460 gramos, bastante más que el medio kilo con el que muchos la identifican; el quintal equivalía a cuatro arrobas. En superficie agraria, la fanega es el caso extremo: su valor no era el mismo en Castilla que en Andalucía o en Extremadura, de modo que un dato antiguo en fanegas no puede convertirse sin saber de qué provincia procede. Este conversor no las incluye precisamente por eso, porque ninguna admite un factor único.

Conviven además unidades anglosajonas que en España se usan con normalidad sin que nadie las perciba como extranjeras. Las pantallas y las llantas se miden en pulgadas, y una pulgada son exactamente 25,4 milímetros, así que un televisor de 55 pulgadas tiene 139,7 centímetros de diagonal. La potencia de los coches se anuncia en caballos de vapor junto a los kilovatios, y un CV son 735,49875 vatios. Hay un caso que merece cuidado especial: el consumo. En España se expresa en litros por cada 100 kilómetros y en Estados Unidos en millas por galón, y la relación entre ambos es inversa, no proporcional. Pasar de 8 a 6 litros a los 100 ahorra más combustible que pasar de 6 a 4,5, aunque la diferencia en millas por galón parezca sugerir lo contrario.

Algunas definiciones merecen una advertencia. La cucharadita, la cucharada, la taza, la onza líquida y el galón son aquí medidas líquidas estadounidenses: un galón de EE. UU. equivale exactamente a 231 pulgadas cúbicas, es decir, 3,785411784 litros, y las unidades menores son fracciones exactas de él. El galón imperial que se usa en el Reino Unido es una unidad distinta y mayor, y la onza líquida imperial tampoco coincide con la estadounidense, así que una receta o un dato de consumo de origen británico no cuadrará con estos valores. La «taza» también varía en la cocina doméstica de España y Latinoamérica, donde muchas recetas usan tazas de 200 o 250 ml; si la receta procede de Estados Unidos, la taza son unos 236,6 ml. Por último, «t» es aquí la tonelada métrica de exactamente 1000 kg, y la onza es la avoirdupois de uso corriente, no la onza troy de los metales preciosos.

En la práctica hay dos costumbres que evitan casi cualquier error. La primera es nombrar el sistema antes que la cifra: no galones, sino galones estadounidenses; no onzas, sino onzas avoirdupois. La segunda es contrastar el resultado con algo conocido, porque un factor desplazado mil veces salta a la vista en cuanto se compara con un objeto familiar. Sirven de referencia rápida estos anclajes: un metro es una zancada larga, un kilo es un litro de agua, una hectárea son unos dos campos de fútbol y la temperatura de una habitación ronda los veinte grados Celsius. Si un resultado queda lejos de esas referencias, lo más probable es que las unidades no encajaran, no que fallara la aritmética.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la temperatura necesita una fórmula distinta a la de longitud y peso?
La longitud, el peso, el área y el volumen son escalas de razón cuyos ceros coinciden: cero metros y cero pies son la misma nada, así que basta una multiplicación. Las escalas de temperatura tienen ceros diferentes, por lo que pasar de Celsius a Fahrenheit exige una multiplicación (×9/5) y un desplazamiento (+32). Olvidar ese desplazamiento es el error de conversión más frecuente, y por eso aquí la temperatura sigue una ruta propia en lugar de reutilizar la tabla de factores.
¿Qué ocurre si introduzco una temperatura por debajo del cero absoluto?
El conversor la rechaza y explica el porqué en lugar de devolver un número sin sentido. El cero absoluto son −273,15 °C, −459,67 °F o 0 K, y nada puede estar más frío, así que un resultado en Kelvin negativo no significaría nada. La comprobación incluye una tolerancia muy pequeña para que valores límite exactos como −459,67 °F, que quedan un pelo por debajo por el redondeo binario, sigan aceptándose.
¿Por qué me aparece el error de categorías distintas?
Tanto la unidad de origen como la de destino deben pertenecer a la categoría que has elegido. Un kilogramo no puede convertirse en una milla porque miden magnitudes físicas diferentes y no existe ningún factor que las relacione. Suele ocurrir al cambiar de categoría dejando seleccionada una unidad antigua, o al abrir un enlace con parámetros caducados. Vuelve a elegir la categoría y selecciona de nuevo ambas unidades.
¿La taza, el galón y la onza líquida son de EE. UU. o imperiales?
Son medidas líquidas estadounidenses. Un galón de EE. UU. se define como exactamente 231 pulgadas cúbicas, o sea 3,785411784 litros, y la taza, la onza líquida, la cucharada y la cucharadita son fracciones exactas de él. El galón imperial británico es mayor y la onza líquida imperial también difiere, así que los datos tomados de recetas o consumos británicos no coincidirán con estos resultados.
En las recetas veo «1 taza», ¿puedo usar directamente este resultado?
Solo si la receta es estadounidense, porque la taza de este conversor son unos 236,6 ml. En muchas recetas de España y Latinoamérica la taza se entiende como 200 o 250 ml, y hay tazas de repostería comercializadas con ambas capacidades. Si no sabes el origen de la receta, lo más seguro es fijarse en los gramos o mililitros indicados, o convertir primero la taza a mililitros y medir con un vaso graduado.
¿Puedo convertir arrobas, libras castellanas o fanegas?
No, y no por descuido. La arroba castellana rondaba los 11,5 kilos y la libra castellana los 460 gramos, pero ambas variaban según la región, y la fanega de superficie cambiaba directamente de provincia a provincia. Sin saber el origen del dato no existe un factor único que aplicar. España adoptó el sistema métrico con la Ley de Pesas y Medidas de 1849, así que para cualquier uso actual conviene trabajar en kilos y hectáreas.
¿Cómo paso de millas por galón a litros a los 100 km?
No es una proporción directa, sino una relación inversa, y ahí está la trampa. Divide 235,215 entre las millas por galón estadounidenses para obtener los litros a los 100 kilómetros, y al revés igual. La consecuencia práctica es que bajar de 8 a 6 litros a los 100 ahorra más combustible que bajar de 6 a 4,5, aunque en millas por galón la segunda mejora parezca mayor. Ten en cuenta además que el galón imperial británico es un veinte por ciento mayor que el estadounidense.
¿Convertir de ida y vuelta me devuelve el número original?
Sí, dentro de los límites de la aritmética en coma flotante. Convertir 100 metros a pies y de vuelta a metros devuelve 100 metros porque los factores guardados son valores definidos exactos y no redondeos. Convertir una unidad a sí misma es aún más estricto: el conversor devuelve tu valor intacto en lugar de multiplicar y dividir por el mismo número, operación que puede introducir un error mínimo.

Fuentes

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Última actualización: 2026-08-29

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